Cuando la violencia sustituye al fútbol
Hay partidos que no se juegan, se tensan. Y este clásico del viernes en el Hernando Siles fue uno de ellos. Bolívar venció 5-4 en penales a The Strongest tras un 0-0 que nunca fue empate futbolístico, sino empate de impotencias.
Bolívar no encontró el arco ni el juego. Cuando la pelota no entra y las ideas no fluyen, algunos futbolistas buscan otra manera de influir. Patricio Rodríguez eligió la fricción constante: choques reiterados, entradas al límite, protestas. De esas que no siempre figuran en el acta, pero sí en la cabeza del rival.
El objetivo fue sacar del partido a los futbolistas clave del Tigre. Y lo consiguió. Provocó a Estacio, que tras eludirlo dos veces terminó en el suelo por una entrada torpe. También consiguió la expulsión de Arrascaita, un jugador que no es de perder los estribos. Que terminara expulsado dice más del contexto que del futbolista.
El árbitro, permisivo durante demasiados minutos, dejó pasar un penal evidente de Sagredo sobre Salvatierra y luego otro posible de Valdivia sobre Echeverría. Permitió que el partido se embarrara hasta que ya no hubo forma de limpiarlo.
El resultado fue un final caliente, dos expulsados y un clásico sin fútbol. Nadie salió mejor. Ni Bolívar, que por su impotencia ofensiva dependió de los penales. Ni The Strongest, que perdió piezas importantes en un partido intrascendente cuando su verdadero futuro se juega el martes en San Cristóbal ante Táchira por la Libertadores.
La única figura futbolística fue Xavier Arreaga en defensa. El resto fue fricción.Los penales fueron un mero trámite. Anotaron Cauteruccio, Sagredo, Alemán, Arreaga y Justiniano para Bolívar. Castro, Salvatierra, Lom y Romay para el Tigre, que vio fallar a Ventura.
Pero a esta hora, pasada la una de la madrugada, todavía no hay un diagnóstico preliminar sobre el estado de Estacio. Y eso sí que es grave. Porque lo que realmente importa no se jugó este viernes. Se jugará el martes en Venezuela, donde The Strongest necesitará a todos sus hombres.
