Entre el análisis y la pasión
Escribir sobre sobre la actualidad futbolera para la hinchada Stronguista (donde hay tanto escritor, y muy bueno), de pronto se ha vuelto un ejercicio de supervivencia. No tanto deportiva, sino social. Ya no importa tanto lo que digas, sino de qué lado te pongan. Y créanlo: te van a poner de un lado siempre.
El Tigre quedó eliminado de la Copa Libertadores. También perdió la Copa de verano, y en ambas circunstancias de la manera que más duele: por penales. Oportunidades perdidas de competir, de mostrarse, de crecer.
La eliminación Copera a manos del Táchira cortó temprano un sueño que apenas iniciaba. Y sobre la derrota en el torneo de verano, prefiero ejercer mi derecho al silencio. Porque cuando el Tigre tropieza dos veces en poco tiempo, la conversación ya no puede ser superficial, más cuando uno se sienta a analizar qué pasó, y se encuentra con un dilema, el dilema del análisis.Si señalas errores tácticos, estas contra el Dt mas ganador y no sabes nada. Si reconoces méritos del rival, “eres un mediocre”. Y si no dices nada, “es que te están pagando”.
Mas luego viene algo peligroso: la tentación de ceder. Porque es fácil tirar la piedra, apuntar a un culpable, convertir el análisis en show y esperar a que lluevan los likes. Hacer leña del árbol caído vende, y vende bien.Y aquí hay un principio que es mejor recordar: el hincha no está para aplaudir errores ni para justificar improvisaciones. Y tampoco está para incendiarlo todo a la primera. Confundir ambos extremos es el primer paso a la mediocridad.
El desafío entonces está en ese punto incómodo y maduro: apoyar la camiseta con firmeza y exigir con responsabilidad. Y ahí conviene ser quirúrgico: separar el error del insulto, la crítica de la campaña, el análisis de la conspiración. La ecuanimidad necesita claridad y mucha capacidad de reconocer que el plantel puede haber jugado como mejor pudo y aun así no alcanzar. Que el técnico puede tener un plan y que ese plan sea insuficiente.Y esa ecuanimidad debe ser parte necesaria del análisis. Y ojo: el amor no se negocia Porque después de todo el análisis, de todas las críticas justificadas, algo que no cambia: la pasión.
Y esa pasión se expresa cuando llegue el siguiente partido, al entrar al estadio y alentar, eso es ser hincha. Para quienes escribimos desde esta pequeña tribuna de FmTigre, que crece día a día en lectores, a quienes agradecemos su interés, la tarea conlleva una responsabilidad ineludible: no rendirse ante el morbo.
Al final, el Club va a seguir. Los dirigentes van a cambiar y los jugadores van a irse. Mas las palabras de los que atestiguamos la historia van a quedar. Y la pasión también va quedar, pasión que nos lleva al estadio una y otra vez, bandera en la mano y garganta lista para lo único que importa cuando el rueda el balón: alentar, alentar y alentar.
