El Tigre inmortal: triunfo del carácter sobre la adversidad
Anoche se hizo evidente: al Tigre le faltó preparación. Llegamos al debut oficial del año sin rodaje competitivo, con apenas tres semanas de trabajo conjunto y once futbolistas que prácticamente se estrenaban como equipo en nada menos que la Copa Libertadores.
Y pese a todo, triunfamos. Por Dios, triunfamos.
El caos institucional de siempre
A un mes de iniciado 2026, The Strongest no había disputado un solo encuentro oficial. ¿Responsables? Abundan. Pero la FBF se lleva las palmas en este espectáculo deplorable: obstaculizando procesos electorales, confrontando con la afición, ofreciendo patrocinios de empresas vinculadas a su propia directiva y, para colmo, improvisando torneos como si el fútbol boliviano no arrastrara 76 años de trayectoria.
Nos endilgaron otro certamen intrascendente. Un «torneo de verano» decorativo, aún más irrelevante que aquella olvidable Copita del año pasado. Así, nuestro Tigre arribó en frío a la Libertadores. Por eso la victoria de anoche se magnifica.
Lo que pudo acontecer
El marcador perfectamente pudo reflejar un 4-2. Por un lado, Banegas nos rescató con una atajada providencial en un mano a mano definido. Por otro, nos despojaron de un gol legítimo: la normativa establece que solo puede anularse por infracción si esta ocurre en la jugada inmediatamente previa. En aquella acción, tras la supuesta mano de Arrascaita, intervinieron cinco jugadores más antes del pase magistral de Castro a Estacio. Gol válido, injustamente anulado. Un despojo arbitral.
El encuentro: tensión constante
El dilema táctico era cómo vulnerar a un rival atrincherado , con tres mediocampistas defensivos saturando el centro y extremos siempre doblados en marca. Y más complejo aún: hacerlo con una plantilla recién conformada.
En la etapa inicial no hallamos los caminos. Los laterales escasamente se proyectaron, Algarañaz quedó aislado, extrañamos la presencia de Lom. El único destello surgió de la sociedad Castro-Estacio. Y precisamente ese gol anulado nos desgarró el espíritu.
En el complemento, Villegas reaccionó. El ingreso de Salvatierra cerró el sector derecho y nos proporcionó profundidad. Insistimos con todo el arsenal: disparos de media distancia, desbordes, presión intensa, coraje. Y cuando Ventura ganó su duelo individual, llegó la pena máxima. Arrascaita no falló. Uno a cero. Aliviamos.
El fantasma del repliegue
Pero entonces sucedió lo previsible: nos replegamos. ¿Por qué razón cedimos la iniciativa precisamente cuando dominábamos? Táchira, con esa escuela uruguaya nos igualó mediante una jugada ensayada en corner. Empate. La ansiedad nos invadió.
Reapareció Estacio, la figura indiscutible. Su astucia nos consiguió una segunda pena máxima. Abrego con temple excepcional selló la victoria. Ajustada, padecida, mas victoria definitiva.
Pudo ser 3-1 si el poste no rechazaba el disparo de Salvatierra. También pudo ser catástrofe: Táchira desaprovechó dos contragolpes nítidos por desatenciones defensivas. La esperanza pendió siempre de un hilo ante la tragedia.
El horizonte inmediato
En Caracas será otra historia. El Tigre evolucionará con el tiempo y la continuidad. Probablemente despleguemos nuestro estilo característico: bloque compacto y transiciones veloces con Ventura y Estacio. Pero urgen minutos de competencia. Ojalá el clásico aporte ritmo
Si superamos esta instancia, la siguiente es perfectamente abordable. Este plantel tiene capacidad. Si se mentaliza adecuadamente, lo conseguirá. Y ojalá Villegas disponga finalmente del proceso prolongado que anhelaba desde aquel memorable 2013. Y si este año no se concreta la Copa, que el próximo nos encuentre más consolidados, más ensamblados, con idéntica determinación.
Porque al final quedó demostrado algo fundamental:
No perece quien combate.
